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NÚMERO CERO. Umberto Eco.

numero_ceroUmberto Eco (83), como novelista, tiene acostumbrados a sus lectores a la desconfianza en los entornos cotidianos y en las apariencias. El nombre de la rosa, El péndulo de Foucault, Baudolino, El cementerio de Praga, son narraciones donde hay espacios de oscuridad y conspiraciones que los protagonistas intentan sacar a la luz, son víctimas de ellas o son sus creadores. Número Cero (Lumen, 2015) no es la excepción, aunque menos lograda literariamente que las anteriores obras de Eco. La novela presenta lo que está “debajo” de un proyecto editorial, tanto en las motivaciones para iniciarlo, como en las concepciones del  periodismo que los personajes explicitan y discuten. En el relato, el lector es conducido a través de una maraña de decisiones, tretas y trampas que introducen la sospecha y la paranoia donde antes solo existía certezas y verdad.

En Número Cero la acción transcurre en Milán, año 1992, y gira en torno a la planificación de una próxima publicación periodística. Es el encargo de un misterioso “commendadore”,  dueño de innumerables y variados negocios, desde hoteles y residenciales para jubilados e inválidos hasta revistas de espectáculos y “show despechugados” de televisión. Su objetivo es ampliar sus redes de poder infundiendo temor en quienes se puedan ver afectado por este nuevo medio. Lo más probable es que el Domani, nombre del fututo y posible diario, nunca se llegue a publicar. Solo le interesa que se construya el número cero de cada mes, con muy pocos ejemplares, para mostrarlos a determinadas personas. Apuesta a la petición de no publicación por parte de los mencionados. La aceptación de ese pedido le permitiría ser aceptado en los círculos a los que desea acceder. Así lo piensa y lo “huele” el “dottore” Simei, director del proyecto.

A pesar de su desconfianza, el director de Domani reúne a un grupo de redactores para que empiecen a dar forma al futuro periódico. Busca, también, a un escritor frustrado, para que escriba una novela que narre el proceso de creación del diario que nunca sería publicado. Comparte con él sus sospechas y lo presenta como su asistente, el “dottore” Colonna, a pesar de que nunca terminó la licenciatura. Este personaje, el protagonista de la novela, se autodefine como un perdedor y establece una curiosa –aunque posiblemente verdadera- relación entre el conocimiento y su propia condición: “Los perdedores, como los autodidactas, tienen siempre conocimientos más vastos que los ganadores. Si quieres ganar tienes que saber una cosa sola y no perder tiempo en sabértelas todas; el placer de la erudición está reservado a los perdedores. Cuanto más sabe uno, es que peor le han ido las cosas”.

A través del proceso de creación del periódico y de las discusión que se generan para enfrentar las diversas tareas, el director y su asistente van entregando opiniones y normas de lo que debe ser el periodismo. La manipulación de los hechos y opiniones, el ocultamiento de lo que pueda perjudicar al dueño, las ambigüedades e insinuaciones que instalan la sospecha, las descalificaciones que evitan la argumentación, son algunas de las prácticas recomendadas. “No son las noticias las que hacen el periódico sino el periódico el que hace las noticias”, afirma el director como un principio que no debe olvidarse. Por esto, el periodista y escritor italiano Roberto Saviano señala que Número Cero es “un manual de la comunicación de nuestros días”. Algunas muestra de la actualidad de este manual:

“Siempre es mejor limitarse a insinuar. Insinuar no significa decir algo preciso, sirve solo para arrojar una sombra de sospecha sobre el desmentidor”.

“(En la construcción de los horóscopos) limítese a los pronósticos optimistas, a la gente no le gusta que le digan que el mes que viene morirá de cáncer. Y construya previsiones que le vayan bien a todo el mundo, quiero decir que una lectora de sesenta años no se identificaría con la perspectiva de encontrar al joven de su vida; en cambio, el vaticinio, qué sé yo, de que a ese capricornio en los próximos meses le pasará algo que lo hará feliz, vale para todos”.

“La astucia está en entrecomillar primero una opinión trivial, luego otra opinión, más razonada, que se parece mucho a la opinión del periodista. De este modo el lector tiene la impresión de que se le informa sobre dos hechos pero se ve inducido a aceptar una sola opinión como la más convincente”.

La misteriosa muerte de Braggadocio, uno de los redactores y creador de numerosos relatos sobre conspiraciones, precipita el fin del proyecto. El temor se apodera de todos los participantes. Sospechan de la intervención de fuerza ocultas que pretenden silenciar a todos quienes conocieron las ideas del periodista muerto sobre el verdadero fin de Mussolini. El protagonista y a su amante, participante también del equipo del frustrado diario, se refugian fuera de la ciudad y sus destinos cambian.

Con el término del proyecto, con las conspiraciones verdaderas o inventadas, con la muerte del periodista y con la huida final, termina la novela. La realidad se hace imprecisa y la desconfianza en la realidad y en las apariencias nuevamente se impone.

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Imagen tomada de http://www.gandhi.com.mx/

Claudio Jorquera Aceituno
Mayo 2015