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REVOLUCIÓN EN CHILE. Guillermo Blanco y Carlos Ruiz-Tagle.

Revolución en ChileRevolución en Chile es una antigua novela chilena, publicada en Santiago, en 1962, por la Editorial del Pacífico. Desde su aparición hasta 1973, tuvo 21 ediciones. Ese año, después del golpe de estado, fue prohibida. El título fue considerado que se prestaba para equívocos y, seguramente, algunas opiniones sobre los militares no gustaron a los censores. “—¿Y el ejército? —¿Para qué se va a sublevar el ejército? Los estamos manteniendo gratis, les damos juguetes para que no se lateen de no hacer nada… ¿Qué más quieren?”

Los autores, Guillermo Blanco y Carlos Ruiz-Tagle, “traducen” las notas de la periodista neozelandesa, Sillie Utternut, enviada por una pequeña revista de Estados Unidos a cubrir una posible revolución en Chile. El ambiente político de la campaña presidencial de 1958 hace vaticinar –en la mirada de los norteamericanos y europeos- la “inminente” rebelión.
“Ánimos exacerbados. Grandes manifestaciones de masas para cualquier candidato. Probable intervención del ejército. Revolución se espera de un momento a otro. Militar, comunista o de extrema derecha”.

La distraída protagonista, llega con la visión de que Chile es un país casi salvaje. La comprensión literal del significado de las palabras y la interpretación de los gestos y las costumbres desde su particular visión de la realidad, aumentan su temor. El “malón” (una fiesta) lo entiende como un ataque de araucanos (“araucarias” los llama ella). Frente a la huida de los manifestantes por la presencia de un “guanaco”, entiende que un animal salvaje se pasea por las calles de la capital. Lo mismo sucede cuando ve a un hombre tirado en la calle y le explican que es producto del “gorila” (barrachera).

Al analizar el ambiente político del país, la protagonista percibe una serie de contradicciones que no logra entender. Las estrategias de alianzas de los distintos grupos políticos, las divisiones de la iglesia católica y las exageradas y distintas reacciones de los medios de comunicación, la dejan llena de interrogantes.

Los candidatos de esa elección presidencial eran, para ella, “Chiche” (Allende), “Erizzando” (Alessandri), “Soufflé” (Bossay) y “Feín” (Frei). “A última hora, supongo que por influencia de los pérfidos jesuitas, tan amigos de meterse en política, se inscribió entre los candidatos un cura, un tal Zamorano, de la Orden de San Catapilco”. Las concentraciones, la propaganda de cada uno y las opiniones de los partidarios de uno u otro postulante a la Presidencia, acrecientan su incertidumbre y sensación de que está a las puertas de una revolución.

Para completar este cuadro caótico, según la supuesta autora, el mismo día de la elecciones, faltando pocos minutos para las seis de la tarde, se produce un terremoto en la zona central de Chile. Ella visitaba las mesas receptoras de votos ubicadas en el Instituto Nacional, cuando ese hecho ocurre. Los muros se tambaleaban, caían trozos de estuco de las paredes. Horrorizada por el bombardeo —pues no podía ser otra tosa—, corrí a otra sala, donde la situación era más o menos similar. Las mujeres bramaban como locas, mientras la tierra se sacudía en convulsiones atroces. —¡Revolución! ¡Revolución! —grité, reconociendo ahora el vibrar de los tanques sobre la calzada, afuera.”

Al día siguiente, Sillie Utternut vuelve a su país. El temor a la “revolución” y a ser detenida por un supuesto contrabando de “cabezas reducidas” -un engaño de un taxista-, la hacen salir de Chile. Sin embargo, la premura de su huida no le impide percibir el cariño que le manifestaron los chilenos:

 “Resonaban en mis oídos las últimas palabras que oyera a ese bravo Catete (el taxista que la engaña), el saludo musical y exótico, que me parecía algo así como el equivalente del aloha de Hawaii: —Ate a merda, gringa de miéchica.”

 A través de la trama divertida y llena de equivocaciones, los autores diagnostican la sociedad de esos años y se ríen de las contradicciones y estilos de vida de los chilenos. Es una crónica social y política que permite comprender –con cierta actualización de algunas palabras- que “nada nuevo hay bajo el sol”.

Claudio Jorquera Aceituno
Julio 2015