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LA COMERCIANTE DE LIBROS. Brenda Vantrease

La comerciante de librosContinuando con la ambientación histórica presentada en El maestro iluminador, Brenda (Rickman) Vantrease, en La comerciante de libros (Maeva, 2009), avanza en la vida de los protagonistas de la primera obra. Ahora, a inicios del siglo XV, Finn, el maestro iluminador, continúa con su labor en Praga, siempre teniendo de fondo la pugna entre los reformistas y la jerarquía de la iglesia católica, Si en Inglaterra el artista tuvo contacto con John Wycliffe, iluminando sus traducciones de la Biblia al inglés; en Praga (Bohemia), se relaciona con Jan Hus, el rector de la universidad de esa ciudad que lidera el movimiento reformista. Ambos luchan para que todos tengan acceso al contenido de la Sagrada Escritura en cada lengua materna, sin la mediación de los sacerdotes. También denuncian la falsedad de la venta de indulgencias y el poder del clero.

El maestro vive con su nieta, Anna, y trabaja en su oficio, desafiando a la autoridad eclesiástica. Frente al aumento de los disidentes , el obispo del lugar endurece la persecución y decapita a tres estudiantes universitarios, uno de ellos el novio de Anna. Ante esto, Finn ordena a su nieta que huya hacia Inglaterra y busque a sir John Oldcastle, un noble seguidor de la doctrina de John Wycliffe.

A la muerte del maestro iluminador, Anna inicia el viaje hacia el destino señalado por su abuelo. Para mantenerse económicamente, la joven se dedica a copiar libros y a venderlos. Estando en Francia, conoce a un joven mercader del que se enamora y de quien queda embarazada. El joven es, en realidad, un monje inglés disfrazado de comerciante que tiene por misión buscar el origen de las copias de la traducción de la Biblia que se distribuyen en Inglaterra.

Después de cruzar el Canal de la Mancha , Anna conoce a su abuela Kathryn quien, luego de sobrevivir a las quemaduras provocadas por el incendio de su casa, se queda en el convento que la acogió. Con el paso del tiempo se hizo religiosa y es, cuando aparece Anna, la abadesa de la comunidad que copia los textos que sir John compra y distribuye.

Al más puro estilo de las novelas policiales, la trama de la obra continúa con encuentros y desencuentros entre los personajes ficticios y los históricos. Entre esto últimos destacan sir John Oldcastle y su esposa Joanne, nobles seguidores y protectores de los reformistas y condenados por “herejes”; el rey Enrique V, amigo de sir John, al que que debe condenar; Jan Hus, el reformador y predicador precursor de la Reforma Protestante, y el arzobispo de Canterbury Thomas Arundel, tenaz opositor a los “lolardos”, seguidores de Wycliffe.

La autora subtitula su obra como “ Romance, herejía, asesinato, traición y persecución en la Europa del siglo XV”. Todos estos ingrediente conforman una trama bien urdida y bien ambientada históricamente. Sin embargo, la novela, más allá de esto, es una narración que rescata el poder de la palabra y de los libros como elementos que pueden transformar la realidad y, por lo tanto, son peligrosos para quienes quieren mantener el poder.

 Narrando desde la conciencia de los personajes, desde sus contradicciones y anhelos, Brenda Vantrease construye un mundo narrativo que da cuenta de la violencia ejercida por la Iglesia Católica frente a los inicios de lo que sería, posteriormente, la Reforma Protestante. El poder del conocimiento contenido en los libros, que los reformistas quieren entregar a todos, se transforma en el símbolo de esa lucha. Los libros son el fin y el medio para el encuentro con la verdad, pero también con la muerte:

“Jan Hus eligió una ventana en lo alto de la torre izquierda de la iglesia de Tyn para ver la hoguera. (…) Aquella pira en la principal plaza de la ciudad constituía la declaración de guerra del arzobispo Zybnek.”

 De momento sólo eran libros, sólo palabras sagradas lo que se consignaba al fuego, no eran las personas que las copiaban; no había sangre, carne y hueso, pero era el preludio de un drama mucho mayor.”  (Inicio de la novela)

Cuatro siglos más tarde, el poeta alemán Heinrich Heine resumió:

“Allí donde se queman los libros, se acaba por quemar a los hombres”.

 

                                                                                  Claudio Jorquera Aceituno
Agosto, 2015