↑ Volver a Artículos

Maipú en una novela

PATRIMONIO DE MAIPÚ COMO ESCENARIO DE UNA RECIENTE NOVELA CHILENA

Claudio Jorquera Aceituno
Diciembre, 2014
Artículo publicado en www.maipupatrimonial.cl

Logia copy“Las ambulancias accedieron a la elipse del Templo Votivo de Maipú por avenida 5 de Abril y luego giraron a la derecha para tomar por camino a la Rinconada, donde se estacionaron junto a la reja que separaba el anillo alrededor del santuario del resto de la ciudad. (…)

 «¿Adónde vas?», me detuvo Javier cuando me aparté del grupo hacia la izquierda, imaginando que el resto me iba a seguir. Era lo más lógico.—¿Cómo que adónde voy? A la «madre de piedra de la promesa» —recordé, indicando hacia los restos de la capilla de la Victoria, el templo original de Maipú, el que se levantó tras el juramento de Bernardo O’Higgins en noviembre de 1818, del cual solo quedaban los muros de piedra de la nave central (…)”

 Pocas veces nuestra comuna aparece como el espacio narrativo de una novela o de un cuento y, más aún, agregando dos de sus lugares más significativos. Esto ocurre en Logia, de Francisco Ortega, obra publicada por la editorial Planeta este año 2014 y a la que pertenecen las citas anteriores.

Al más puro estilo de Dan Brown (El Código Da Vinci, Ángeles y demonios, El símbolo perdido, Inferno, entre otros), el autor construye un texto en el que mezcla las historias de Chile y de América con una conspiración para desprestigiar a la Iglesia Católica y al culto a la Virgen María. Para esto, el novelista une la información histórica con la ficción literaria, modificando algunos hechos, espacios y personajes. Esto le permite imprimir ritmo y suspenso a la narración, crear un protagonista que frustra planes de poderosas corporaciones internacionales, presentar pistas falsas y usar avanzada tecnología. En otras palabras, usa todos los ingredientes de un atractivo thriller, subgénero literario contemporáneo.

 Otras narraciones también han incorporado a Maipú como escenario, entre estas Una niña llamada Ernestina (Universitaria, 1989), de Enriqueta Flores, y Formas de volver a casa (Anagrama, 2011), de Alejandro Zambra. Sin embargo, la novela de Ortega crea un mundo narrativo que da una nueva dimensión a los espacios comunales.

 templo_y_murosMaipú surge en la última parte del libro. Después de recorrer lugares tan disímiles como Shanghái, Londres, Lima, Washington, Madrid, Buenos Aires y Mendoza, el protagonista llega a Santiago. Es un escritor que es usado para encontrar los objetos de valor que supuestamente trajo una cuarta carabela en el viaje de Cristóbal Colón. Este sería un secreto guardado por la Logia Lautarina y la llave para acceder a ese tesoro sería la espada original de Bernardo O´Higgins, miembro prominente de ese grupo iniciático. Descifrando enigmáticos mensajes llega a la conclusión de que esa riqueza está oculta bajo los restos de la Capilla de la Victoria, en Maipú.

Recreando los espacios existentes e inventando otros, el narrador presenta una novedosa (por decir lo menos) estructura de la Capilla de la Victoria y del Santuario Nacional.

“—Los cimentos de la basílica, al igual que los de la capilla de la Victoria, el templo en ruinas a la entrada del santuario, se levantaron sobre una serie de construcciones subterráneas que fueron atribuidas a los jesuitas. Se decía que las construyeron para esconder sus bienes y ocultarse cuando fueron expulsados… Esa siempre ha sido la versión oficial, pero lo cierto es que los túneles solo fueron reforzados por la Compañía de Jesús, ya que su naturaleza es bastante más antigua —se detuvo y me miró—. Las obras originales corresponden a una serie de tres fortalezas incaicas, similares al pucará de Chena, que habrían sido enterradas en una época anterior a la llegada de los españoles, imaginamos que por los propios incas o quizá por mapuches de la zona.”

Para aumentar la atmósfera de misterio, incorpora un oratorio bajo la estructura del Templo Votivo, conocido solo por pocas personas y usado para ceremonias privadas.

“—Por acá —indicó Bayó y nos condujo hacia el lado izquierdo del altar, a una puerta de servicio que llevaba a un pasillo que daba la vuelta por detrás de la nave central de la basílica en dirección a una escalera que se adentraba al subsuelo del templo.

 —Hay un pequeño oratorio acá abajo y en la parte de atrás, el acceso a las bodegas del sótano.

 (…)El oratorio era una pequeña capilla en forma de cono trunco o triángulo de paredes curvas, dependiendo del ángulo en que se observara. Calculé que de fondo tendría unos treinta metros, mientras que de ancho, la manga, usando terminología náutica, variaba de diez a veinte. El pequeño altar estaba construido alrededor de una imagen no de la Virgen del Carmen, sino de su afín, de la Inmaculada Concepción, y se extendía hacia los lados con retablos del vía crucis e iconografía mariana de Schoensttat, orden que administraba el santuario desde 1974 que me era familiar. Sabía que otros templos poseían oratorios subterráneos, el más conocido era el de la Basílica de los Sacramentinos en el centro de Santiago, pero ignoraba que el Templo Votivo de Maipú tuviera uno.”

Después de recorrer intrincados y profundos pasadizos que se interna bajo el templo, el grupo no puede acceder a la construcción oculta sobre la que se habría edificado la Capilla de la Victoria. Ante esto, uno de los personajes traslada la acción a otro lugar de Maipú, de reciente construcción:

“De acuerdo a lo revelado por el arquitecto y redentorista Horacio Ugarte en 2008, durante la construcción del túnel que unía las dos estaciones finales de la línea 5 —Santiago Bueras y Plaza de Maipú— se descubrieron, accidente mediante, los restos de un túnel prehispánico que prácticamente atravesaba Maipú en dirección al Templo Votivo. De inmediato la Dirección de Bibliotecas y Museos y la Escuela de Antropología y Arqueología de la Universidad de Chile se dieron cita en el lugar y exploraron las ruinas. (…)El metro accedió a construir una falsa puerta de servicio en una de las paredes del túnel, a cambio de que ni la Dirección de Bibliotecas y Museos ni el resto de los involucrados difundieran la existencia del pasadizo y de la ciudad subterránea —nos informó Ugarte antes de salir hacia la estación de metro.”

A continuación, la imaginación del autor construye nuevas peripecias que ocurren en estos espacios patrimoniales. Los conspiradores logran llegar hasta las cámaras sepultadas, pero no encuentran lo que buscan. La novela termina solo unos cuantos capítulos más adelante, cuando el protagonista se adentra en nuevos pasadizos y sótanos. Esta vez en la Basílica del Perpetuo Socorro, en la Av. Blanco Encalada, en Santiago.

En síntesis, la novela presenta –con mayor, con menor o sin ninguna precisión- parte de los orígenes de la comuna y dos de sus lugares patrimoniales más significativos. Independientemente de la valoración literaria, la obra permite visibilizar espacios de Maipú que hasta ahora no habían sido mostrado de esta forma. Dado que la novela ya tiene tres ediciones y se anuncia la publicación en Argentina, México y España, posiblemente muchos que no conocían la existencia de nuestra comuna, ahora sabrán de ella.

Es de esperar que los nuevos peregrinos o turistas que visiten esos lugares no se bajen en la estación Santiago Bueras y pretendan caminar por el túnel del Metro para encontrar un pasadizo secreto. Ojalá que tampoco insistan en bajar a la supuesta capilla subterránea del Santuario Nacional y menos buscar los restos de la ciudadela inca sobre la que se construyó la Capilla de la Victoria.