ENRIQUE CORREA: LUCES Y SOMBRAS DE UN PROTAGONISTA
El exministro revisa en el libro Mi vida, mi historia las últimas seis décadas de la historia de Chile. Relata su participación en el primer gobierno post dictadura, en un Chile que aprendía a convivir con el empresariado, con los militares y con la Iglesia. Mezcla recuerdos personales y reflexiones políticas, abordando las acusaciones de “poder en la sombra”. En casi 80 horas de conversación con el periodista Luis Álvarez Vallejos, Enrique Correa Ríos (80) repasa en el libro Mi vida, mi historia (Planeta, 2025) los principales hitos de su vida. Desde su infancia en Ovalle hasta su rol en momentos clave de la transición democrática y su posterior reinvención en consultor en comunicación estratégica, el exministro recorre más de seis décadas de la historia reciente de Chile. Correa recuerda su inicios en política en la ciudad de Ovalle. Allí participó activamente en la juventud católica, en el centro de alumnos del liceo y en la Juventd Demócrata Cristiana (JDC). Luego, describe su paso por el seminario pontificio y sus actividades en la JDC, donde llegó a ser un dirigente destacado. En 1969 participó en la fundación del MAPU, junto a Rodrigo Ambrosio. Relata su papel en el gobierno de Salvado Allende y el posterior exilio tras el golpe de Estado de 1973. También detalla su vida en la clandestinidad y su regreso al país. Uno de los capítulos relevantes se centra en su rol en el gobierno de Patricio Aylwin donde tuvo una alta exposición pública. Recorre diversos episodios y tensiones de ese primer gobierno post dictadura. Uno de estos, la permanente amenaza de Pinochet y los militares, manifestada en los “ejercicios de enlace” y el “boinazo”. Correa combina memorias personales con reflexiones políticas. Habla de su relación con el empresariado, con el mundo militar y con la Iglesia católica. Defiende los logros de los gobiernos de la Concertación, denostados por muchos de las nuevas generaciones políticas. No esconde su admiración por los expresidentes Patricio Aylwin y Ricardo Lagos y por el exministro Edgardo Boeninger. En ellos, afirma, el “sentido común” fue el sello de sus decisiones, en contraste con el “sentido identitario”, que sostiene que la suma de identidades puede generar transformaciones sociales y que las ideologías pueden dominar la realidad. En los capítulos finales se hace cargo de las críticas que suscita su persona. Se le ha encasillado como un controvertido personaje con un poder excesivo y con “manejos turbios”. Él desmiente esto y afirma “Yo creo que detrás de estas críticas a mi persona hay una crítica a la transición misma”. El interlocutor de Correa, el periodista Luis Álvarez Vallejos, frente a estos juicios, afirma: “Se suele presentar a Enrique Correa como un personaje controvertido. En rigor, nadie que haya dedicado su vida a la política puede pretender estar ajeno a la controversia. Defender ideas o posiciones y tener participación en procesos con exposición pública crea necesariamente adversarios y deja heridos”. Las 372 páginas de estas memorias son una oportunidad para conocer el pensamiento, los intereses y los afectos de uno de los principales actores políticos de la segunda mitad del siglo XX y el primer cuarto del siglo XXI en nuestro país.